
Se alquilan besos
Abrazos y otros
Placeres que ya no
Se encuentran en
Este mercado
Que nos encierra en
Nuestras casas.
" no me pregunten quién soy, ni si me habían conocido, los sueños que había querido crecerán aunque no estoy..."






un mundo diminuto.
Has visto al hipopótamo cuando va a descansar a las charcas, o has oído la música austera de los rinocerontes que se acercan para ver qué tienen los peces en las bocas, y al verlos se dan cuenta que no existen. Has visto a las cordiales e inexistentes luciérnagas que al caer el día, ellas, dejan de brillar con luz propia. Porque si siguen brillando, el sol, se pone celoso y las devora insonorizando el marcapaso de sus diminutos corazones.
Las libélulas revolotean día tras día conversando con los peces que saltan del río buscando moscas, mosquitos y mosquitas. Mientras la voz ronca de las ranas y los sapos acojonan a todo dios porque si se acercan, ellas y ellos, se encargan de engullirlo todo, pero todo, todo. Mientras el río sigue su cauce se aleja musicalizando hábitat, y meandros que se unen para voluntariamente suicidarse en el mar. Nadie se baña en el mismo río dos veces nunca, si en el mismo río, nadie se baña dos veces.
Y eso que el agua es transparente, que en ella se puede beber echando de menos a los refrescos que nos vende el rinoceronte. Mientras las luciérnagas se hinchan los ojos a dormir, y las moscas, mosquitos y mosquitas se divierten bebiendo de la mierda, unos, de nuestra sangre, los otros, es que, ello se les va la vida. Mientras las libélulas caguen día tras día para que las plantas que perfuman con sus labios los ríos, y vuelvan a nacer mas abajo. Las ranas, sapos, serpientes y centinelas siguen vibrando como semidiurgos diminutos en las charcas, meandros, ríos y riachuelos, porque no nos olvidemos que en los ríos nunca, pero nunca, nunca, nos bañamos dos veces...



Por una hermenéutica latinoamericana.

(estoy perdido)
Escribiendo versos.
Mas allá de las palabras
que se enredan como
cualquier serpiente
por mi cuello,
palabras que me
atracan la espera,
que se acercan sigilosas
como cualquier rinoceronte
o como cualquier
ave intempestiva
que me vuela los
espejos de mi memoria.
Mas allá del silencio
que me abarca el ombligo
ese inocente orificio
de mi remota vida.
Aparecen reflexiones,
sentimientos que residen
simulando el efugio
existencial y me cosquillea
el sistema nervioso
de mi esperma.
Mas allá de todo lo
armónico posible
y de una dulce
canción de los edenes
apunto buscando
una pantalla, una tecla
o un papel, escribo.
Mas allá de mi cansancio
existencial del compromiso
percibo tu presencia,
sentado, esperando
a que me descuartice la palabra.
Para repartirla por doquier
prediciendo noches, días,
de injusticias, desamores
y desencuentros.
Y a la hora de repartir
espantapájaros marchitos
dibujo con mi palabra un verso,
dos versos o una coma que
insinúe mis requeridos
y escuetos panfletos
de amor, de alegorías,
de memorias
o de canciones que
no se cantan.
Escribo
en esta habitación
perdido
y un cuadro
de mi memoria
guarda el cansancio
de una lucha que nos dejó
con nuestras manos vacías.