lunes, agosto 14, 2006
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" no me pregunten quién soy, ni si me habían conocido, los sueños que había querido crecerán aunque no estoy..."
el vendedor de rosas
En el parque del Barrio había un jardín... justo en el pórtico de la entrada un anciano que llegaba religiosamente, todos los días, a la siete de la mañana. Desde hacía tiempo, había llamado mi atención algo que sucedía a unos
Lo curioso de todo esto es que nadie se daba cuenta de ello. Yo me enteré porque un niño me lo dijo. Mi kiosco de revista está justo en la esquina opuesta del pórtico. Pero ¿porque nadie se da cuenta?. Esa era mi pregunta siempre que veía tal misterio. Y el anciano ¿sabe que cambian las flores de color al intercambiarlas por dinero? No contuve mi curiosidad y me decidí a preguntarle. El anciano me miró y dijo - ¡ah! usted también lo ha notado -. Agachó la cabeza y siguió contando las monedas que tenía en sus manos.
el niño y la anciana
Un niño al pasar cerca de una anciana, la mira y ve en el rostro de la anciana su cara, soy yo, dice, ¿puede ser posible? Se pregunta. Se acercó para saber si eran ciertas las líneas que marcaba en el rostro de la anciana su imagen. El niño sonriendo le acaricia las arrugas, la pasa sus manitos por la cara, las orejas, los brazos, las manos. Ella tiembla por la ternura que las caricias del niño le transmiten, le atrapan los dedos diminutos, y un beso refrescan el rostro de un amor olvidado. La anciana llora. El niño sonríe. Lloran. Sonríen. Y se abrazan... Se funden en un abrazo hasta confundir sus figuras y desaparecer, sus cuerpos, de la acera. Los viandantes, los coches, la calle, los árboles, los ruidos, la ciudad entera, ciega... Nadie se percató de que en ese sitio y en dos segundos, en medio de tanta gente había una expresión llena de ternura.
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