En una noche, casi desierta
atisbo los aromas cansinos
de una oropéndola que se aproxima
cínica y dispuesta.
Debajo de sus patas
yace una efigie en flor.
He pensado muchas veces
que el surrealismo poético
me hace más fácil el cariño adrede.
Este fin de semana he conocido a alguien
algo más parecido a un sueño
que a un poema surrealista Cortaziano
la he esperado sin embargo
ella no llega ni tan siquiera
asoma su voz ni sus manos
ni muchos menos sus ojos.
Pau esperando, para comerse un mono frutero [Flickr]
Hace 12 horas
0 han pronunciado mi nombre:
Publicar un comentario en la entrada